De Víctima a Victoria

by Versión original por Kevin Miller

La vida de Sharon Ast, fundadora de la organización “Tea and Comfort”  (Té y Consuelo)
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Con una pistola en la mano y la Biblia en la otra Sharon Ast se arrodilló a los pies de su cama para pedirle permiso a Dios para tomar su propia vida.  Esta no era la primera vez en la vida de Sharon que su destino estuviera a punto de ser determinado a punto de pistola. Durante su infancia su padre alcohólico a menudo los amenazaba a Sharon y a sus hermanos con un rifle mientras decidía si sería mejor matarlos o dejarles vivir. La única diferencia esta tarde era que Sharon tenía sus propios dedos en el gatillo, en vez de los de su padre.

¿Cómo pudieron llegar las cosas a tal punto?
¿Qué le pudo llevar a esta madre de cuatro hijos a llegar a tal punto de desesperación y pensar que no tenía ninguna otra alternativa que quitarse la vida? Al observar el pasado de Sharon se podría decir más bien que todas las circunstancias en su vida la habían preparado para este terrible momento en donde tenía que decidir entre jalar el gatillo y terminarlo todo o seguir enfrentado una vida llena de angustia. En realidad, era un milagro que Sharon había soportado este dolor por tanto tiempo.

Una niña llena de ira
La niñez de Sharon no sólo estaba llena de tormentos y amargura. Sharon se describe a sí misma como una “niña llena de ira” quien había sido criada, junto a dos hermanos, por una madre adicta a las drogas y enferma mentalmente y por un padre alcohólico y violento. Además de sacar su rifle periódicamente para amenazar a Sharon y a sus hermanos, su padre también los golpeaban constantemente. Sharon era la que sufría lo peor ya que siempre trataba de defender a sus dos hermanos menores.  Nos comparte que: “todas las noches mi padre me golpeaba hacia el concreto.” El trato que recibió de su madre no fue mucho mejor. Cuando eran pequeños, a la hora de comer los ataban a Sharon y a sus hermanos en las sillas con cinturones y los golpeaban si dejaban caer siquiera una pequeña migaja al suelo.  También la encerraba por varios días seguidos dentro de un pequeño ropero de madera lleno de ratas y arañas. Y a los seis años de edad su madre le hizo besar al bebé muerto de la vecina simplemente por no haber llorado cuando le contaron que el bebé había fallecido.

A pesar de ser sólo una niña Sharon se dio cuenta que tenía que parar el abuso de alguna forma. Primero acudió a una iglesia en su comunidad para recibir la ayuda necesaria pero ningún miembro de la congregación mostró interés al ver el nivel de pobreza y desorden de la familia de Sharon.  Entonces acudió al departamento de policías de su vecindario ya que pensaba que recibiría por fin un poco de protección de parte de las personas de la autoridad.  Lastimosamente en vez de obtener ayuda uno de los policías abusó de Sharon.  Ella cuenta que: “A los seis años de edad dejé de llorar y alrededor de los nueve años dejé de hablar.”

Pocos años después su madre consiguió un empleo con un buen sueldo y la familia se mudó a un nuevo vecindario en una mejor zona de la ciudad de Phoenix, en Arizona. A pesar de la nueva prosperidad que disfrutaba la familia de Sharon seguían los golpes en casa.  Sharon entonces decidió concentrarse en sus estudios. Y hasta conoció a su futuro esposo, Ed “Skip” Ast ahí.  Sin embargo, los problemas familiares le afectaron demasiado y no pudo rendir bien en el colegio. Al poco tiempo, dejó los estudios por completo.

A pesar de sus abusos, el padre de Sharon a veces era consciente de la realidad que sus hijos enfrentaban por su culpa. Cuando Sharon abandonó el colegio decidió que la tenía que proteger de alguna manera, especialmente de él mismo. Así, alteró el certificado de nacimiento de Sharon y la inscribió en la infantería de la marina.

Durante los siguientes dos años, Sharon estaba más a salvo que si se hubiera quedado en casa.  Sin embargo, la vida se había llenado de rabia y amargura.  Pero por temor, Sharon no expresó esta ira durante su tiempo en la marina.

Al terminar su primer periodo en la marina, sus líderes la recomendaron a inscribirse en el“Officer’s Candidate School,” una institución militar formadora de oficiales militares. Skip y Sharon llevaban ya bastante tiempo juntos y Skip sabía que si no reaccionaba pronto, perdería a su novia. Decidió entonces pedirle que se saliera de la marina y se casara con él.

Un nuevo comienzo que se convierte en un callejón sin salida
A pesar de que parecía que Sharon estaba por comenzar una nueva vida llena de esperanza sus sueños de tener un matrimonio perfecto pronto se convirtió en una pesadilla. Sharon dice lo siguiente acerca de las primeras semanas después de la boda: “Fue como si alguien hubiese reventado la burbuja en la cual estaba viviendo. De pronto me di cuenta que Skip tenía un problema de alcoholismo, el cual nunca había notado mientras éramos novios.”

Sharon se dio cuenta que se había metido en la misma situación de la cual había tratado de escapar toda su vida y esto empeoró cuando supo que estaba embarazada ya que no quería que su nuevo hijo estuviera sometido a la misma crueldad que había sufrido en su propia infancia.  Como resultado Sharon se enloqueció y se convirtió en una persona agresiva y retraída. “De la misma manera que cuando era niña, mi hogar se volvió en un lugar sombrío, y nadie nos visitaba,” nos comenta Sharon. “Ni siquiera nos visitaban los amigos de Skip.”

Muchas personas que la conocían a Sharon le tenían temor, pero un hombre decidió que valía la pena salvarla, a pesar de su comportamiento violento y airoso. Esta persona era Ed Ast, el padre de Skip y suegro de Sharon. Sabiendo que la tarea no sería fácil el Sr. Ast se dispuso a hacerle comprender con todas sus fuerzas y todo su cariño.

Todo comenzó cuando el hermano de Sharon, Tommy, intentó suicidarse. Aunque lo había intentado varias veces en el pasado, la diferencia esta vez era que, además de tratar de quitarse la vida, también había disparado a otra gente en el “Club de los Elks”. Sharon tuvo que arreglar los detalles de la cirugía de su hermano, y no le quedó otra opción que llamar al Sr. Ast para que la ayudara.  Fue muy difícil para ella pedir socorro a alguien “de afuera,” porque había escondido esta parte de su vida de todo el mundo. Además, al dejar entrar a Ed a esta parte de su vida temía exponerse de nuevo a posibles abusos  de su vulnerabilidad y volverse víctima de nuevo. No obstante, no le quedaba otra alternativa.

La frustración de no poder ayudar a mi hermano menor
Durante los meses que duró la crisis con su hermano, Ed Ast intentó establecer una relación de amistad con Sharon. Sin embargo, mientras más se acercaba a ella, más distante y fría se volvía Sharon. Siempre había tratado de ocultar ciertos aspectos de su vida de los demás. No le agradaba el hecho que ahora su suegro tenía acceso a estas áreas de su vida. Sharon cuenta que:  “Fueron momentos muy duros en que me di cuenta que toda mi vida había intentado proteger a Tommy, pero que no había servido de nada. No podía contener mi dolor, y Ed notaba lo que estaba sucediendo.”

Una noche, cuando Ed intentó conversar con Sharon acerca de su situación, comenzó a gritarle.  Pero Ed no se quedó callado. Sharon comenta lo siguiente acerca de esa noche: “Me gritó de vuelta, y me callé. Hasta entonces, nadie se había atrevido a hablarme así. Recuerdo sus palabras: ‘Te portas como un animal. Eres tan joven pero has construido un muro tan alto alrededor de ti. Piensas que nadie lo penetrará pero yo lo haré. De hecho, voy a dedicar los siguientes cinco años de mi vida a penetrar ese muro para que llegues a aceptar mi ayuda.’  Ed hizo exactamente lo que dijo pero mi única reacción fue llenarme de odio hacia él.”

La represa se rompe
Durante cinco años Sharon luchó en contra de todos los intentos  de Ed para ayudarle; llevaba a los hijos de Sharon al circo, se ofrecía para cuidar a los niños, y  hasta ayudaba a Skip y Sharon económicamente. Nada parecía romper el cascarón que Sharon había construido alrededor de su corazón.  Un día, Skip llegó a la casa con muy malas noticias. El Sr. Ast había fallecido esa mañana de un ataque al corazón. Tenía solo 49 años de edad. Al oír lo acontecido, Sharon escuchó un chillido espeluznante muy parecido al de algún animal. No se dio cuenta hasta más adelante que el grito había salido de su propia boca.  En ese momento Sharon se escondió detrás de su máscara de resistencia y rechazó reconocer lo que estaba sucediendo alrededor de ella.   Aunque no estaba dispuesta a admitirlo, los esfuerzos de Ed para salvarla en realidad habían funcionado. A pesar de que había llegado a ocupar un pequeño rincón en el corazón de Sharon no estaba dispuesta a admitirlo.

Después de arreglar los detalles del sepelio la familia Ast le pidió a Sharon que se hiciera cargo de recibir a la gente durante el velorio. “Les dije: ‘ Todos saben cuánto lo odiaba así que para mí esto no es gran cosa’.” En el camino al salón velatorio Sharon sintió algo muy extraño para ella:  tenía ganas de llorar.  El sentimiento siguió creciendo a la medida que se acercaba al salón. Hizo todo lo posible para controlarse ya que no quería que nadie la viera así.  Pero no pudo, y se enojó consigo misma.

Después de recibir las instrucciones del director de la funeraria Sharon se quedó sola con el cadáver de Ed. Unos minutos más tarde se dio cuenta que no se había fijado en el ataúd. Cuando finalmente se obligó a mirarlo por primera vez, Sharon se desmayó.

¡Dios sí existe!
Cuando Sharon se despertó seguía sola en la sala. Hasta el día de hoy no lo puede explicar pero de pronto se dio cuenta que Dios existía.  Sabía ahora que el amor también existía y que ese amor se encontraba dentro de ese ataúd.  Aunque Sharon había dejado de orar hacía mucho tiempo, el ejemplo que Ed le había dado de un amor perseverante le había tocado su corazón finalmente.

Entonces Sharon corrió hacia el otro lado de la sala y trató de sacar el cuerpo de Ed de ese ataúd. Sharon describe así sus pensamientos:  “Lo único que podía pensar era que él no podía permanecer ahí ni un minuto más.  Era tal mi desesperación por recibir cariño y amor de la gente.”  Sharon intentó alzar el cuerpo de Ed pero el peso de Ed (100 kilos) era demasiado para Sharon.  Se desmayó de nuevo por causa del esfuerzo que hizo.

Al despertarse por segunda vez Sharon vio una Biblia. Se sentía bastante desorientada y sin fuerzas pero caminó hasta el lugar donde se encontraba la Biblia y la abrió. Y entonces bajó su guardia por primera vez en veinte años y comenzó a llorar. Sharon nos cuenta lo siguiente acerca de aquella etapa de su vida: “Por seis meses lo único que quería hacer era llorar. Durante la mayoría de mi vida nunca había conseguido derramar siquiera una lágrima. De pronto todo cambió, y más bien no podía dejar de llorar.” Buscó la ayuda de diferentes médicos y sicólogos pero todos le dijeron que estaba bien y que su estado se debía a la pena que sentía por la muerte de su suegro. Todos sabían esto era extraño porque Sharon no era ni siquiera pariente de sangre de Ed.  Además, todo indicaba que Sharon siempre había odiado a Ed durante todo el tiempo que se habían conocido.

Físicamente Sharon se sentía bien pero emocionalmente estaba destruida. Se le hacia cada vez más difícil cumplir con sus obligaciones como esposa y madre. La única solución que veía era suicidarse y terminar con todo el sufrimiento de una vez y por todas. Así es como llegó a tomar la decisión drástica de aquel día en que se encontraba a los pies de su cama, pensando en la idea de quitarse la vida.

Un milagro a través de la radio
Después de ordenar toda la casa y mandar a sus hijos a jugar con los vecinos Sharon sacó una pistola, la cargó, y entró en su dormitorio. Sharon conocía lo suficiente de la Biblia y de las enseñanzas de Cristo para saber que Dios no se agradaría con la decisión que estaba a punto de tomar. Sharon sacó la Biblia que alguien le había regalado durante sus años en la marina. Subió el volumen de la radio para que sus hijos no pudieran escuchar el disparo y se puso de rodillas, abrió la Biblia y comenzó a leerla. Al mismo tiempo, comenzó a hablar con Dios, y le dijo: “Tú sabes que me siento muy cansada y vieja.”  A través de esas palabras Sharon le estaba pidiendo permiso a Dios para volver a casa.

Mientras Sharon oraba su atención se volvió a la radio que había aprendido en la cocina.  Alguien estaba predicando.  El predicador estaba invitando a todo oyente a que entregara su vida a Jesucristo. En ese mismo instante, Sharon escuchó la voz de Dios en su mente que le decía: “Envié a mi Hijo y Él te amará más que Ed Ast. Mi Hijo te enseñará a vivir tu vida de manera correcta.”

“Aunque le decía a Dios que yo no conocía a su Hijo, Él sólo repetía que le entregara mi vida a su Hijo’.”

Sharon se resistió por varios minutos pero luego bajó la pistola y se recostó en el piso. Comenzó a llorar incontrolablemente y finalmente entregó su vida a Dios:  “No comprendía exactamente lo que me había sucedido pero entendía que había llegado a mi “hogar” por primera vez en mi vida.”

Tres años de sanidad
Por primera vez al levantarse del piso Sharon sintió una paz que no había sentido en los últimos seis meses.  Pero eso no era todo; hubo otros cambios también. Desde ese día en adelante, nunca salía de su casa sin su Biblia en la mano. Por tres años enteros la estudió fervorosamente. Se asombraba al leer que Jesús la amaba tanto que había muerto por ella. Finalmente un día se dio cuenta que lo que leía en la Biblia estaba relacionado con lo que suponía estaban enseñando en las iglesias.  Pero cuando fue a conversar con el pastor de una iglesia en la comunidad y a preguntarle lo que Jesús significaba en su vida el pastor le respondió: “En esta congregación no hablamos de esa manera.” Felizmente, nada podía apagar el fervor que Sharon sentía por Dios y decidió quedarse en su casa orando y estudiando la Biblia en privado.  Como es lógico no tomó mucho tiempo para que Skip notara la diferencia en el comportamiento de Sharon. En vez de pelear con él todo el tiempo, se dedicaba a prepararle sus comidas favoritas y a mantener la casa limpia y ordenada. También atendía todas las necesidades de los niños con mucho amor y cuando había terminado con todos sus quehaceres leía la Biblia.  Esto era un testimonio para Skip porque sólo estaba acostumbrado a las peleas.  Su relación con Sharon siempre había estado basada en la violencia. Antes Skip pasaba todo su tiempo bebiendo y jugando billar. Muchas veces Sharon tenía que encontrarlo para poder pedirle un poco de dinero antes de que lo gastara todo en las apuestas. Apenas le alcanzaba para comprarles la leche que necesitaban los niños, y Sharon y Ed se peleaban todo el tiempo.

Skip comenzó a sentir celos y pensó que pronto perdería a su esposa por causa de su nueva fe. Decidió “obtener un poco de religión” para sí mismo y comenzó a asistir a la iglesia. Se inscribió en las clases de bautismo y hasta se bautizó.  Sin embargo, no experimentó ni el gozo ni los cambios que había observado en la vida de su esposa. Seguía siendo el mismo. Skip estaba a punto de darse por vencido cuando su pastor le otorgó una beca para estudiar en el seminario bíblico local. Skip sabía que aquella era su oportunidad para encontrar lo que Sharon había experimentado. Gracias a Dios, eso fue exactamente lo que sucedió. (Para leer más acerca de la vida de Skip, haga clic.)

 

Usando su pasado para ayudar a otros
Ya una vez que se había sanado completamente Sharon comenzó a ayudar a otras mujeres cuyas vidas se encontraban en crisis. Sharon podía comprender con facilidad la situación que estaban viviendo y lograba que éstas se abrieran y se confiaran en ella. Este ministerio creció rápidamente hasta tal punto que Sharon estaba ayudando a muchas mujeres al mismo tiempo.  Pero de pronto la tragedia volvió a formar parte de la vida de Sharon.

Un día mientras Sharon oraba comenzó a sentirse mal. De pronto, sintió ganas de vomitar y corrió hacia el baño. Ahí, se indispuso de tal manera que perdió todos los electrolitos de su cuerpo y se desmayó. Al caerse, se golpeó fuertemente y quebró las primeras tres vértebras de su columna.

Afortunadamente, los médicos le dieron un buen pronóstico y le dijeron que se recuperaría. Por varias semanas se mantuvo en cama en el hospital sin siquiera poder levantar su cabeza. Sharon no podía cuidarse de sí misma y tuvo que depender de la ayuda de algunas mujeres a quienes ella había aconsejado en el pasado. Durante los últimos años se había dedicado a indagar en las vidas personales de otras personas pero difícilmente compartía sus propios sentimientos con ellas. Al ver la fuerte oposición de Sharon a cualquier tipo de apoyo estas mujeres podían haber desistido, pero no lo hicieron. Con más ganas se ofrecieron para hacer todo lo que le hiciera falta. A pesar de sus gritos y enojos estas mujeres no estaban dispuestas a rendirse. Después de poco tiempo a Sharon se le acabaron las fuerzas y se tuvo que dejar ayudar. En esos días recuerda oír una voz que le decía: “Sharon, estas mujeres me representan a mí. Si quieres llegar a ser la persona que quiero que seas tendrás que dejar que estas mujeres se te  acerquen.”  Era Dios quien le estaba hablando de nuevo.

Como era de costumbre Sharon se resistió al trato de Dios por mucho tiempo. Recién después de un año se dejó ayudar. Antes de esto su concepto era el siguiente: “Pensaba que Dios y yo teníamos un trato – yo daba de mi dinero y de mi tiempo a las personas, y Dios haría que “mágicamente” pudiera acercarme a ellas. Sin embargo, pronto me di cuenta que tal trato no podía existir, y que más bien todo el tiempo me había estado engañando a mí misma.”

“Té y Consuelo”
Hoy día, la columna de Sharon está totalmente recuperada y continua trabajando en el ministerio llamado “Té y Consuelo”.  Además, trabaja junto a doce mujeres o “consoladoras” en todo momento. Juntas estas mujeres ayudan a otras mujeres con problemas. Su trato hacia ellas siempre es tierno y maternal, además de proveer dirección para sus vidas y ser agentes de observación para evitar cualquier intento de suicidio. Lo más importante es que guían a estas mujeres a conocer y a recibir a Jesucristo.  El ministerio “Té y Consuelo” existe desde hace quince años, durante los cuales Sharon y su equipo han ayudado a más de mil quinientas personas. Muchas de las mujeres que han participado en el programa han sanado sus profundas heridas emocionales y han experimentado un cambio de vida total.

Aunque Sharon no desea que nadie tenga que pasar por todas las dificultades y traumas que tuvo que sufrir en su pasado se siente agradecida por el hecho de que su sufrimiento al final de cuentas no fue en vano: “Dios espera que usemos nuestras experiencias pasadas, no importando cuán dolorosas éstas hayan sido, para ayudar a otros.” Esta es la nueva filosofía de Sharon.

¿Alguna vez te han rechazado, o han abusado de ti? ¿Te gustaría dejar al Señor Jesús restaurar tu verdadera identidad?  Si no conoces al Señor Jesús te animamos a que hagas la siguiente oración con nosotros:

Señor Jesús, quiero conocerte personalmente. Gracias por morir en la cruz por mis pecados. Abro la puerta de mi vida y te recibo como mi Señor y Salvador. Gracias por perdonar mis pecados y por darme la vida eterna. Toma el control de mi vida y hazme la persona que tú quieres que sea. Amén.

Al hacer esta oración has tomado el primer paso para tener una relación personal con el Señor Jesús. Deseamos orar por ti, al igual que mandarte más información acerca del Señor Jesús por correo electrónico. Por favor, rellena el siguiente formulario:

 

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