Vale la pena persistir en la vida
by Versión original por Kevin MillerLa vida de Don Voth, presidente de la compañía Construcciones Metrocan S.A. (Metrocan Construction Ltd.)
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Es muy probable que la palabra “la perseverancia” aparezca al principio de la lista de las cualidades que le hayan llevado a cualquier empresario a su éxito. Don Voth, presidente de la compañía Construcciones Metrocan S.A. (Metrocan Construction Ltd.) en Vancouver, B.C. opina de la igual forma. Diez años atrás, a mediados de los años 70, habían comprado la compañía de construcción de su padre. El trabajo duro que puso Don y su hermano Ken había transformado este negocio de dos millones de dólares en uno valorado en cien por ciento más. La esposa de Don,
Elma, dice, “él no sabe lo que significa decir ‘no’. Es tenaz, absolutamente tenaz. Si alguien dice que algo no puede suceder, allí es donde empieza a trabajar.”
Sin embargo, al igual que cualquier otra virtud, la perseverancia puede también convertirse en un vicio si no es balanceado con la noción del contexto amplio de donde uno trabaja o con los sentimientos de la gente involucrada. Desafortunadamente, Don también puede compartir con autoridad acerca de las consecuencias de cuando uno falla en tomar la atención apropiada a estos asuntos.
La afinidad que Don tenía hacia el trabajo duro viene naturalmente. De joven, venía a trabajar en el negocio de construcción de su padre. Allí aprendió muy rápidamente que el ser el hijo del dueño no le daba ninguna garantía de que le sería más fácil subir a la cima. Don bromea diciendo, “empezamos con un implemento muy básico llamado “la pala”. Mi padre siempre me pagaba la mitad de lo que le pagaba a todos los demás...La primera mitad regresaba a casa, y podía quedarme con la otra.” A pesar de estas condiciones, Don continuó trabajando para su padre durante sus estudios. Después de obtener su título en la administración de empresas y de tratar de dirigir una compañía pequeña, Ken y él compraron la empresa de su padre y decidieron expandirla.
Durante los años 80 Don y Ken estaban apreciando un crecimiento espectacular y supervisaban la construcción de cerca de quince edificios altos en todo tiempo. El volumen de las ventas anuales era de 250 millones de dólares aproximadamente, en dólares de hoy en día, y los dos estaban literalmente consumidos por su negocio. Y ese fue más o menos el momento en que la realidad les chocó, y les chocó fuerte. El choque se llamaba “el veinte por ciento en la tasa de inflación”. Los hermanos habían estado tan ocupados con la dirección de su negocio día a día que no habían planeado estar listos para el lado negativo de un repentino aumento en la inflación y las tasas de intereses. De pronto, todo lo que habían obtenido con el trabajo duro estaba en peligro.
Este cambio repentino de su fortuna le impulsó a Don a examinar el estado de su alma. Don se preguntó, “después de estar tan ocupado construyendo mi negocio, ¿qué he alcanzado realmente? ¿Realmente tengo paz con mí mismo, con mi familia, y con mi creador? No tenía paz porque si uno tiene la paz con estas cosas, estaría satisfecho.” Don también reflexionó acerca del papel que su fe cristiana había tomado o no en esta crisis. No era que había dejado atrás su fe para hacer su negocio. Es que no le había dejado a Dios guiarle en sus decisiones y eso le costó muchísimo.
Después de resolverse todo Don y Ken siguieron trabajando en su negocio pero la compañía era solamente una sombra de lo que era antes. Se habían quedado con sólo veinte por ciento de sus acciones. Los hermanos decidieron entonces que su nueva compañía, Metrocan, sería más eficiente que antes. Eso significaba que trabajarían en menos proyectos al mismo tiempo. También significaba que tomarían más atención a la gente – sus familias al igual que sus empleados – y dejarían que Dios asumiera un papel más grande en sus decisiones. Don dice, “al final y al cabo, concluimos que no va a tener importancia en cincuenta años las riquezas que hemos acumulado para nosotros mismos. Pero si podemos impresionar a la gente con lo que hacemos hoy, éste tendrá importancia en esta generación, en la próxima, y en la generación después de esa.”
Los hermanos se sorprendieron cuando, en vez de observar a sus márgenes de ganancia disminuir como resultado de su enfoque en el negocio de escala pequeña, y en la gente, sus márgenes de ganancia en efecto aumentaron. Ya que ahora dirigían menos proyectos, Don también tuvo más tiempo para enfocarse en su familia. Esto significó que se diversificó y empezó dos compañías nuevas – Merom Farm Ltd. (Las granjas Merom) y Proformance Racing – los cuales permitieron que sus hijos y otros familiares pudieran involucrarse en el negocio.
Hoy día Don es igual de persistente como antes. Sigue pasando una cantidad enorme de tiempo en el trabajo, pero las razones por trabajar son muy diferentes a las de antes. Las ganancias son importantes, pero son solamente medios para un fin. El éxito significa más pasar tiempo con la familia, tanto en el trabajo como en la recreación; significa ayudar a los empleados a mejorar sus vidas, y más que nada, significa usar su compañía para ayudar a otros aprender acerca de Dios. Don dice, “creo que nuestro buen señor realmente tiene un plan para cada uno de nosotros y abrirá las puertas para nosotros si regresamos a Él”
¿Has sentido alguna vez que tus virtudes trabajan en contra en vez de a favor de ti? Es posible que sea el momento para pedirle al Señor Jesús que te ayude a recobrar tu vida antes que te choque una crisis. Si no conoces al Señor Jesús te animamos a hacer la siguiente oración:
Señor Jesús, quiero conocerte personalmente. Gracias por morir en la cruz por mis pecados. Abro las puertas de mi corazón para recibirte como mi Señor y Salvador personal. Gracias por perdonarme mis pecados y por darme la vida eterna. Toma control de mi vida. Hazme la persona que quieres que sea. Amén.
Es éste el deseo de tu corazón – el de hacer de esta oración tu oración personal?
Si tu respuesta es ‘sí’, ora ahora y según sus promesas el Señor Jesucristo entrará en tu vida.
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